Hector, por Abel Furlan
“Hector fué un gran militante peronista: palabras de Abel Furlan en homenaje a Héctor Recalde”
1/5/20262 min read


Para mí, Héctor fue una referencia enorme. Cuando fui electo diputado nacional, allá por el 2015, él fue la primera persona que me recibió en el Congreso. Cristina había decidido proponerlo como presidente del bloque del Frente para la Victoria; pero más allá de esa decisión, se hizo una reunión interna para reafirmar esa propuesta. La elección fue unánime; todos votamos por él y no fue casual. Había una autoridad natural en Héctor, una legitimidad que nadie discutía.
Nos tocó enfrentar juntos un momento muy difícil: los primeros dos años del macrismo. Héctor ya era diputado, le quedaban dos años de mandato y pasó a ser el presidente de nuestra bancada. Éramos 107 diputados en ese entonces, pero la presión fue feroz. Nos empezaron a operar desde adentro y desde afuera. Nos querían romper y lo lograron; terminamos siendo menos de noventa.
El Frente Renovador no estaba con nosotros y la famosa “gobernabilidad” nos dejó con lo justo; apenas ochenta y pico. Me acuerdo que Héctor nos decía: “estamos en penitencia”. Y era cierto, no nos tenían en cuenta para nada. Nos sentíamos muy mal, estábamos aislados, pero él nunca dejó de sostenernos. Nos llamaba a resistir, a no perder la esperanza, a bancar la parada sabiendo que ese momento iba a pasar;y, tenía razón.
No fue nada fácil para él presidir un bloque en esas condiciones. Primero nos quisieron quebrar y después nos quisieron callar. Teníamos un rol casi inexistente en la Cámara. El oficialismo se manejaba con las mayorías que habían logrado armar, pero Héctor nunca bajó los brazos. Nunca se quejó y nunca negoció sus convicciones.
Como persona y como político, siempre lo vi como alguien intachable; un compañero sin dobleces. Con Héctor no había medias tintas; era transparente, de esos que nunca venían con el cuchillo bajo el poncho. Siempre supo de qué lado estar; “siempre del lado de los trabajadores y de la justicia social”. Para quienes abrazamos la política desde el sindicalismo, Héctor fue un espejo donde mirarnos.
También tuvo un rol político enorme. Recuerdo su valentía cuando denunció el escándalo de la Banelco; nunca especuló, nunca corrió. Siempre estuvo donde tenía que estar, con coherencia y coraje.
Como jurista le aportó al derecho del trabajo algo que no se enseña en los libros: conciencia de clase. Yo lo invité muchas veces a dar charlas en distintas provincias, congresos y encuentros de formación. Nunca dijo que no; siempre encontraba un hueco en la agenda, por más complicada que estuviera. Para él eso también era militancia; recorrer el país, hablar con los compañeros y explicar el derecho desde un lugar comprometido.
Tenía una manera muy clara de enseñar. Siempre nos dejaba un mensaje y nos daba herramientas para enfrentar las maniobras con las que el poder intenta vulnerar nuestros derechos; lo hacía con palabras simples y ejemplos concretos.
Héctor fue un gran militante peronista, de los que nunca se alejan del movimiento, ni de los trabajadores. Que se nos haya ido significa haber perdido a un compañero enorme, a un militante imprescindible; pero también sé que su ejemplo sigue vivo en todos nosotros.
Yo, al menos, sigo mirándome en su espejo.
