Hector, por Amanda Caubet y Juan Carlos Fernandez Madrid
“Se fue un amigo muy querido”: palabras de Amanda Caubet y Juan Carlos Fernandez Madrid en homenaje a Héctor Recalde.
1/8/20263 min read


La entrevista fue pautada con ambos, pero ese día Juan Carlos tenía una disfonía que apenas le permitía hablar. Amanda, con la calidez y claridad que la caracterizan, tomó la palabra y compartió, en nombre de ambos, recuerdos y sentimientos sobre Héctor Recalde. Lo hizo con emoción, con admiración y con la certeza de que es necesario dejar testimonio del afecto profundo que le tenían:
Conocí a Héctor en 1983, en las jornadas de la Asociación Argentina de Derecho del Trabajo que se hicieron en Bariloche, cuando Juan presidía la institución. Fueron unas jornadas memorables, con grandes ius laboralistas; Monzón incluso hizo un relato precioso de aquellos días. Ahí me lo presentaron. A partir de ese momento empezamos a tejer una relación que fue creciendo y se fue haciendo más profunda, sobre todo con los congresos que organizaba la FAES.
Héctor era muy compañero, siempre se encontraba predispuesto a acompañar y contribuir en congresos, en fiestas y en asados; recuerdo memorables payadas.
Yo quiero destacar especialmente a Héctor como diputado. Fue un gran político, de esos pocos que cuando tienen poder no se traicionan. Fue absolutamente fiel a sus convicciones. Y, lo que hizo por el derecho del trabajo cuando manejaba el bloque y presidía la Comisión de Legislación del Trabajo en Diputados fue extraordinario. Pienso en el artículo 9, en el renovado 66; y, sobre todo en el artículo 12, que para mí es el más importante de toda la Ley de Contrato de Trabajo.
En los años ‘90 hubo una discusión doctrinaria enorme sobre ese artículo, a partir de dos fallos de la Sala VI —uno firmado por Capón Filas y otro por Juan— que proponían una interpretación amplia: que las cláusulas contractuales más beneficiosas también eran irrenunciables. Aunque la Corte dio vuelta esos fallos, la mayoría de los juristas coincidimos con esa mirada. Y, cuando Héctor tuvo la oportunidad lo incorporó a la ley. Para mí, eso fue revolucionario. Reglamentó el principio de progresividad que ya reconocían convenios y fallos como el de Aquino. Siempre le estuve agradecida por eso, porque tuvo un valor enorme; uno puede sostener una postura progresista en un momento de la vida, pero si cambian las circunstancias uno empieza a aflojar, a ceder. Y, ¿de qué sirve? Héctor nunca aflojó.
Su aporte no fue sólo legislativo; Héctor era un académico incansable. Nos acompañó en todos los viajes que organizamos desde la Asociación y desde la FAES: Salamanca, la Complutense, la Sorbona y la Universidad de Los Ángeles. En los años 80 y 90 no había internet ni teléfonos inteligentes; para conocer a los grandes maestros europeos había que viajar. Nosotros lo hacíamos y Héctor siempre estaba. En todos esos espacios su palabra era escuchada y respetada.
Los viajes nos acercaron mucho. Compartimos almuerzos, cenas, discusiones y risas. Disfrutamos de una camaradería genuina y se fue haciendo una relación muy afectuosa, muy querida.
También compartimos veranos. Él tenía su casa en Villa Gesell. Hacía unos asados bárbaros; invitaba a dirigentes gremiales, diputados y a sus hijos,que los conozco desde chicos. Se armaban reuniones hermosas. Héctor venía también a las reuniones musicales que yo organizaba en casa; compartimos el amor por el tango. Siempre, siempre, terminaba bailando uno o dos tangos con Graciela. La pasábamos muy bien.
Formó, además, hijos espléndidos. Mora, una gran actriz. Leandro, un abogado laboralista extraordinario, con inquietudes artísticas también. Y Mariano, ¿qué decir de Mariano? Fue adjunto de cátedra y este año le dejé en sus manos la titularidad. Es presidente del peronismo en la Capital, Senador y además, valiente; recuerdo cuando quisieron sobornarlo con los tickets canasta y él actuó con integridad total. Todos ellos han sido impecables.
Como jurista, político, asesor sindical y defensor de la ley 23.551 con la que coincido absolutamente, lo admiré en todos los aspectos del derecho, tanto individual como colectivo.
Lo recuerdo bailando tangos, brindando con un vino junto al asado; siempre en todas nuestras fiestas estaba en nuestra mesa, al lado nuestro. Nos deja los mejores recuerdos y una huella profunda.
Para nosotros se fue un amigo, un amigo muy querido. Se fue un jurista importante. Se fue el asesor sindical más brillante de toda la historia del sindicalismo argentino. Se fue quien supo fundar la Asociación de Abogados Laboralistas. Queremos rendir homenaje a un hombre inolvidable, muy querible, que le dio tanto al país y a los trabajadores.
