Hector, por Carlos Minucci

“A Héctor hay que reconocerlo como militante peronista: palabras de Carlos Minucci en homenaje a Héctor Recalde

1/5/20263 min read

Conocí a Héctor en 1987; Saúl Ubaldini era Secretario General de la CGT y Héctor ya era una figura clave, conducía prácticamente todos los temas de derecho colectivo e individual. Era joven pero ya era reconocido, respetado y buscado. Yo lo quería como abogado de nuestra asociación, así que cuando lo encontré le pregunté directamente:
—¿Cómo puedo hacer para que estés con nosotros, representándonos?
Me contestó con esa simpleza que siempre lo definió:
—Me lo tenés que pedir, nada más.

Y así fue. Desde ese momento empezamos a trabajar juntos;y, la verdad es que llevamos toda una vida. Una vida compartida en el trabajo, en las luchas, en los triunfos y también en la amistad.

Recuerdo con claridad un juicio por jubilación. Estábamos con varios compañeros; el eje era el reconocimiento de una “tarea penosa”. Ganamos; pero cuando llegó el momento de cobrar él dijo que no, que no le iba a cobrar ni a la asociación ni mucho menos a los jubilados. Eso era Héctor: compromiso, sensibilidad y generosidad.

Con el tiempo, se forjó una amistad muy profunda entre él, Gerardo Mastroianni —que entonces era nuestro presidente— y yo; también con Mariano, que desde chico estuvo siempre cerca, creciendo en ese mismo espíritu.

Las clases de Héctor eran multitudinarias, lo escuchaban más de doscientos compañeros. Y, aún con ese reconocimiento, con esa autoridad, nunca dejó de ser humilde; nunca. Esa humildad era parte de su esencia.

Él fue clave para lograr una reivindicación histórica: las horas extras para el personal de supervisores. Hablamos con Saúl Ubaldini que nos contactó con la representación gremial de vigilancia y seguridad, que tampoco cobraba. Fue Héctor quien impulsó la sanción de la Ley 26.597. Esa norma vino a poner claridad sobre una exclusión que venía desde 1929, cuando se negaba el pago de horas extra al “personal de confianza”. Esa conquista llevó su firma, su lucha y su vocación de justicia.

Cuando dejó su banca en la Cámara de Diputados hicimos una reunión de despedida en la Asociación. Y ahora, el 23 de abril que celebramos un nuevo aniversario, vamos a hacerle un homenaje; porque Héctor es parte de nosotros, es parte de esta historia. Compartimos con él trabajo, vida, alegrías y momentos inolvidables.

Recuerdo especialmente una charla en La Bancaria, en un congreso organizado por la Corriente de Abogadxs Laboralistas 7 de Julio. Me acuerdo de su alegría. Cuando lo recibieron gritando “¡profesor!”, él sonrió y dijo: “yo no soy profesor, soy un abogado más que está trabajando fuerte”. Esa fue la última vez que lo vi.

Yo digo que a Héctor hay que reconocerlo como militante peronista, como abogado, como amigo y también como sindicalista; porque si hubo algo que lo definió fue su amor profundo al sindicalismo y al movimiento obrero.

Su rasgo distintivo como abogado laboralista fue su capacidad de escucha. Se sentaba, analizaba y pensaba con vos. No era de esos abogados que te piden los papeles y te dicen “yo lo estudio y te aviso”; no. Héctor se metía con nosotros, discutía, pensaba y buscaba caminos. Me acuerdo de tardes enteras tomando mate con Gerardo, cuando yo ya era secretario gremial. Trabajábamos juntos los temas de la asociación, uno por uno. A él lo llamaban constantemente, pero siempre se tomaba el tiempo para analizar cada tema con nosotros. Nos preguntaba, nos guiaba; y, cuando salíamos de esas reuniones salíamos convencidos.

Una vez, desde prensa me pidieron que le hiciera una entrevista. Cuando terminé le ofrecí mandarle el material crudo; me respondió: “si lo hiciste vos, tengo plena confianza”. Aquella vez pusimos su cara en la tapa de la revista; creo que aún hoy la tiene pegada en la pared de su estudio.

Otra de sus enseñanzas fue esa: no podés salir al terreno sin haber estudiado. En las charlas que hacíamos en Ostende siempre había alguno que se escapaba a la playa, salvo cuando hablaba Héctor. Cuando él hablaba, la sala estaba llena; nadie se iba, nadie quería perderse su palabra.

Yo estoy convencido de que la caída de Moyano empezó cuando se distanció de Héctor; mientras lo tenía al lado caminaba tranquilo, Recalde estaba detrás de todo.

Lo único que nunca cambió en Héctor fue su coherencia, esa coherencia absoluta que hoy, más que nunca, necesitamos recordar y honrar.