Hector, por Sergio Palazzo

“Lo que me enseñó Recalde: palabras de Sergio Palazzo en homenaje a Héctor Recalde

1/5/20263 min read


Siempre admiramos profundamente a Héctor. Recuerdo perfectamente la primera vez que lo conocí; yo acababa de llegar de Mendoza para integrarme a la conducción nacional de La Bancaria como paritario, y estábamos en medio de un conflicto muy grande con el Banco Nación. En ese momento, el Secretario General del gremio era Zanola y decidió convocar a Héctor como abogado del sindicato para la negociación paritaria.

Imaginate; yo venía de Mendoza, tenía una referencia enorme de Héctor Recalde y de pronto estaba sentado en la misma mesa con él. Para mí, era como jugar en primera y con los mejores.

El conflicto era técnico, muy complejo, porque discutíamos la estructura salarial del Banco Nación. Zanola me pidió que fuera al estudio de Héctor, junto con otro dirigente, para ponerlo al tanto del tema.

Me hizo unas cuantas preguntas y desde ahí empezamos a construir una posición basada en los datos que teníamos. Ese día me regaló uno de sus libros. Creo que era La tercera década infame. Cuando la negociación terminó en el Ministerio de Trabajo le pedí que me lo firmara. Yo andaba con el librito bajo el brazo cada vez que lo veía. Cuando finalmente lo firmó, me escribió una dedicatoria que decía: “Para el compañero Sergio Palazzo, de quien he recibido las enseñanzas del Convenio Colectivo”.

No sabés lo que fue para mí; le saqué fotos y se lo mandé a mis amigos, a los compañeros de Mendoza que también lo admiraban. Me llenaba de orgullo.

Llevé ese libro conmigo de vuelta a la provincia. Me acuerdo que al llegar a casa quise mostrárselo a mi familia y no lo encontraba. Entonces recordé que lo había guardado en el bolsillo del asiento del avión. Salí disparado al aeropuerto; hablé con todo el mundo, pero el avión ya había vuelto. No lo recuperé nunca, es uno de mis grandes dolores.

Pensé que no iba a tener otra oportunidad de tener un trato cercano con él, pero la vida me dio tiempo. Con los años, en el sindicato, volvimos a cruzarnos; y, ya desde otro lugar forjamos una relación más estrecha. Me tocó hacerme cargo de la organización en un momento institucional muy difícil y él nos ayudó muchísimo; no sólo desde lo jurídico, también desde lo político.

Cuando asumí como Secretario General, Héctor siguió acompañándonos. Fue nuestro abogado, pero también fue el vínculo entre la organización política y el sindicato en momentos muy delicados. Nuestra Obra Social estuvo a punto de quebrar, y fue él quien articuló todo lo necesario para que saliéramos adelante. Para mí, fue una figura clave en la recuperación de la Obra Social y en la mejora de las condiciones laborales de nuestros compañeros y compañeras.

Claro que lo reconocemos por su capacidad profesional, pero sobre todo por su calidad humana y su compromiso militante. Cada vez que le pedíamos una charla, una clase para los delegados o un panel, nunca decía que no. Si tenía un problema de agenda, lo resolvía; y, si no podía, te proponía una alternativa. Siempre buscaba la forma de estar.

No estamos hablando de alguien sin obligaciones: Héctor tenía responsabilidades políticas, su estudio jurídico, asesoraba sindicatos y ocupaba cargos públicos. Sin embargo, si vos le decías: “necesitamos que vengas a darle una charla a los delegados”, él estaba. Puntual, presente y comprometido.

Ese era Héctor: un militante intachable. Nunca le importó si hablaba ante un delegado nuevo o frente al presidente de la UIA; él siempre estaba. Eso dice mucho de su forma de ser, de su convicción y su compromiso.

Haber compartido un espacio político con él fue un profundo orgullo. Pero, más allá de lo personal, el movimiento obrero le debe un enorme agradecimiento por su paso por la Cámara de Diputados. Fue un período de recuperación de derechos, de reparación histórica tras lo que la dictadura nos había arrebatado. Y, también fue una etapa de conquistas, de ampliación de derechos frente a nuevas realidades del mundo del trabajo.

Como abogado laboralista lo distinguía el nivel de compromiso que tenía con los trabajadores. Ese compromiso no era discursivo, era real; estaba en cada gesto, en cada decisión y en cada presencia.

Héctor fue muchas cosas: maestro, abogado, dirigente y militante. Y , sobre todo, una persona que nos enseñó que estar al lado de los trabajadores no es una postura, es una forma de vivir.